You’ll own nothing and you’ll be happy, rezaba un promo del Foro Económico Mundial hace diez años, con tal ligereza que parecía algún tipo de meme o parodia. Pero iba, al parecer, bastante en serio.
Lo que en otro contexto parecería un mantra tibetano sobre lo poco saludable que es el apego a los bienes materiales, ya es una realidad que, en la última década, ha comenzado a materializarse desde varios frentes.
A riesgo de sonar a partidario de la teoría de la conspiración —término bastante comodino, por cierto, pues desecha casi cualquier tipo de crítica o cuestionamiento hacia el status quo, por válido que sea—, me ha resultado inevitable notar ciertos patrones y tendencias que apuntan a ese agujero de conejo: la normalización del despojo paulatino.
El reciente escándalo de PlayStation y su decisión de aniquilar el formato físico en sus videojuegos es buen ejemplo de ello, por todo lo que representa: Sony anunció que prescindirá de los discos a partir de 2028 y apostará por un enfoque 100% digital. No más cajas ni Blu-rays, no más manuales, no más propiedad. El mercado de segunda mano será borrado de un sape. Y al adquirir un juego digital, nunca será tuyo realmente, pues siempre está la posibilidad de que la plataforma imponga una restricción y anule su funcionamiento parcial o total.
Prueba de ello es lo que pasará el 1 de septiembre cuando Sony bloquee el acceso a más de 500 películas de la distribuidora StudioCanal, incluso cuando miles de usuarios han comprado (repito: comprado, no rentado) películas digitales como Terminator 2, First Blood, Apocalypse Now, Paddington y muchas más. No habrá reembolso ni compensación de algún tipo. Al final, las letras chiquitas de los términos de servicio señalan que el usuario acepta que no es dueño del contenido tal cual, sino solo de un permiso de uso que es revocable en cualquier momento.
Lo interesante —y relevante— del caso de PlayStation es que se trata de una de las comunidades más leales que cualquier marca haya desarrollado en las últimas décadas. Y esa confianza y lealtad que Sony cultivó por 30 años de pronto se ha ido al carajo. Basta con leer cualquier publicación de PlayStation en X, Facebook, Instagram o YouTube para corroborarlo: miles de comentarios repudiando la estrategia de los nipones, dando la espalda a una marca con la que crecieron. Y con razón.
Ya antes, en 2013, el mercado le dio una lección a Microsoft cuando Xbox intentó imponer el DRM, una agresiva forma de restricción para los juegos digitales que no prosperó. Los consumidores le pintaron el dedo medio a la tecnológica y eso se tradujo en las peores cifras de ventas que Xbox había visto, de las cuales nunca pudieron recuperarse realmente, hasta la fecha.
Quisiera ir a una pinche supermarket, para comprarme una vida
Una vida para ti y para mí
La tendencia es generalizada: Nintendo va por la misma ruta con sus Game Key Cards (autenticadores físicos para juegos digitales). Grand Theft Auto VI, el videojuego más esperado de la historia, ya anticipó que solo tendrá edición digital, un precedente masivo en el sector. El streaming se cargó la industria musical y ahora va por la cinematográfica. Las editoriales no saben qué hacer ante el declive de los libros en papel. Softwares como los de Adobe (Photoshop, Illustrator, Premiere, etc) y Microsoft Office ya no pueden ser comprados por un pago único, sino que deben ser alquilados una y otra vez.
El dinero en efectivo camina hacia una desaparición eventual, lo que daría un control brutal a las instituciones financieras. Los documentos personales y la biometría han iniciado su ruta hacia la digitalización. ¿Nos queda algo realmente? Domino’s Pizza bromea con la idea de virtualizar la comida, pero hasta para comprarla nos hemos acostumbrado a usar apps. Todas esas cosas “viven” en la fragilidad y vulnerabilidad tan propia de los centros de datos y sus servidores, en la nube.
Pero si nos meamos aún más lejos de la bacinica, podemos seguir con otras cosas más espinosas, como el hecho de que adquirir una vivienda es una posibilidad cada vez más lejana y lo único que queda es alquilarla mes a mes. El leasing anual de autos y celulares es cada vez más popular. Plataformas como Rent the Runway y similares ofrecen suscripciones para usar ropa casual y de diseñador ajena. A guaranteed personality.
No digo que la solución esté en comprar todas esas cosas como locos y acumularlas —CDs, vinilos, videojuegos, películas Criterion, ropa, casas—, porque el remedio claramente sería peor. Seguiríamos bien enajenados destinando todo nuestro tiempo, atención, fuerza de trabajo e ingresos a las mismas personas. Tal vez solo baste con cuestionarnos una cosa antes de dar el tarjetazo e ingresar el número de seguridad: ¿neta necesito esta mierda? Quizás a la frase del Foro Económico Mundial solo le falte una leve y profana tuneada: No comprarás nada y serás feliz.
What you don’t have you don’t need it nowWhat you don’t know you can feel it somehow
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