Cállate y maneja: el silencio como mecanismo de supervivencia

Hay algo que he aprendido a las malas y corroborado en más de una ocasión: hablar mucho rara vez termina bien. Esto se debe a varias razones.

  • Se revela mucha información, la mayoría de las veces, de forma innecesaria.
  • Una opinión no solicitada pocas veces aporta algo valioso.
  • Tirar factos incomoda. Visibiliza problemas que demandan cambios, soluciones. Y a nadie le gusta arreglar desmadres por puro deporte.
  • Nuestra capacidad de atención es muy limitada. La gente a lo mucho te escuchará unos segundos antes de empezar a divagar o checar notificaciones en su teléfono.
  • Y la más importante: te metes en muchos pedos.

Este último fenómeno es bien ilustrado en más de una ocasión a lo largo de Malcolm in the Middle. Se los digo: la sabiduría de esta serie de tv no se valora lo suficiente. Aquí algunos ejemplos.

Reese emancipado

En el caso de Reese, el ejemplo más obvio es cuando descubre que apagar su cerebro a voluntad es un detonador inmediato de felicidad: el infame jingle de las menti-mentas. Al poco tiempo, Malcolm copia su método y descubre que al no cuestionarse mucho las cosas, es muy feliz también. Pero hay un episodio aún mejor.

En Reese joins the army (quinta temporada) Reese es engañado por su novia —con su propio hermano—, decide largarse de casa y se une al ejército.

Una vez ahí, entiende que contestarle a su sargento solo le trae problemas y castigos físicos. Pero pronto encuentra la solución: cerrar el pico y obedecer sin cuestionamientos, sin quejas.

Los resultados son extraordinarios. Pronto se convierte en un soldado ejemplar, el mejor de todos: nació para ello. Solo tenía que anular el problemático hábito de hablar más de la cuenta y seguir instrucciones de quien veía en él un diamante en bruto.

Ficciones aparte, esto tiene aplicaciones prácticas en contextos reales. Me consta.

Quejas acumuladas y úlceras pépticas

Uno de los rasgos más problemáticos de Malcolm es su incontrolable impulso por denunciar aquello que le parece absurdo, no funcional o simplemente incorrecto. No puede evitarlo: tiene que hacerla de a pedo y sin filtros.

Esto le trae hartos problemas con su familia, amigos y novias. Es por ello, por ejemplo, que choca tanto con un personaje como Jessica, que es prácticamente su versión femenina.

En Malcolm holds his tongue (temporada 4), el krelboyne descubre el recurso más efectivo para evitarse problemas: callarse, guardarse las quejas que nadie quiere oír. Acepta que no puede corregir el mundo. Apenas puede creer la facilidad con la que las cosas se arreglan por sí mismas.

Pronto consigue entrar al equipo de básquetbol que antes lo había rechazado por no cerrar la boca. Los problemas con su madre y con su novia se esfuman.

La factura le llega pronto: una úlcera gástrica por guardarse tanto coraje. ¿Ideal? No. ¿Efectivo? Por supuesto.

No hay que subestimar el grado autobiográfico de una obra como Malcolm in the Middle.

Linwood Boomer, creador de la serie, ha comentado en entrevistas que el personaje de Malcolm está basado en su propia vida. Muchos de sus conflictos fueron los suyos también. Este tal vez sea uno de los más evidentes.

You’ve been chosen as an extra in the movie adaptation of the sequel to your life

Si Malcolm era el genio superdotado, Dewey era posiblemente el más hábil cuando se trataba de sobrevivir en sociedad. Me explico.

Él apostó siempre por el juego a largo plazo: hazte invisible, mantén un perfil bajo y evita pedos a toda costa. Minimiza el riesgo y consigue aliados (su hermano menor Jamie, Francis, Craig, sus compañeros de clase).

Dewey entendía bien su lugar y su contexto. Fue un peón que discretamente avanzó, una casilla a la vez, hasta el otro lado del tablero, evitando confrontaciones directas en un ambiente hostil —su hogar, su escuela, una familia que trataba de sabotearlo en todo momento—. Se mantuvo al margen mientras torres, caballos y alfiles se hacían pedazos.

Fue, por ejemplo, el único que logró ganarle a Lois y sin decir una sola palabra (Stevie in the hospital, temporada 7).

Sus habilidades sociales eran su arma más poderosa. Hablaba solo cuando era necesario. Y cuando lo hacía, sus palabras tenían un efecto muy persuasivo en la gente, lo cual lo sacaba de muchas broncas. Todo esto le permitió, incluso, dedicarse a lo que más amaba, la música, pese a tantos obstáculos y precariedades.

Lo curioso es que el actor que interpretó al personaje, Erik Per Sullivan, llevó esta misma filosofía más allá de la televisión.

Pocos años después del fin de la serie, prefirió retirarse de la actuación y mantenerse lejos de los reflectores. Siguió estudiando música y terminó la universidad. Hubo incluso rumores sobre su muerte, pero él nomás andaba gozando su vida en privado. Sin alarmas y sin sorpresas.

Canijo Dewey. Se sabe varias. A veces —¿siempre?— lo mejor es solo callarse y manejar, o lo que sea que le pidan hacer a uno.

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