La canción más encabronada (y sincera) de Bob Dylan

‘Idiot Wind’ – Bob Dylan (1975) | Canciones

Es una cosa extraordinaria escuchar a Bob Dylan bien encabronado, en modo belicoso.

En varios temas suyos se le puede percibir muy alterado, como “Ballad of a Thin Man” y “Masters of War”, de corte mayormente politizado.

Pero nada se compara con los ocho minutos de bilis de “Idiot Wind“. No hay una más personal en su catálogo u otra en la que sus reproches suenen más sinceros, más viscerales.

Aquí no le reclama a los mercenarios, a los políticos o a los oportunistas. No, señor. “Idiot Wind” va nada menos que contra su ex esposa, Sara Dylan, y por si fuera poco, contra el destino mismo.

Sin el cinismo habitual, acá se deja la vida en cada verso, entre referencias bíblicas, viñetas de su propia existencia y personajes de vidas ajenas. Las líneas son muy tenues. Convierte lo personal en universal, lo surreal en verosímil.

Sangre en las vías

Es sabido que Blood on the Tracks (1975) es un retrato de la fracturada relación de Bob y Sara Dylan, y una antesala de su eventual divorcio.

A pesar de las negativas del músico sobre si en realidad son canciones autobiográficas, es complicado ubicarlas en otro contexto.

Los títulos hablan por sí mismos: “If You See Her, Say Hello”, “You’re a Big Girl Now”, “Shelter from the Storm”, “You’re Gonna Make Me Lonesome When You Go”, “Meet Me in the Morning”.

“Idiot Wind” representa el punto más álgido de la grabación. Su autor deja de lado cualquier filtro, pues sabe que está más allá del punto de retorno. El daño está hecho.

Suelta toda clase de versos lapidarios que por sí mismos dicen más que canciones enteras.

It was gravity which pulled us down
And destiny which broke us apart
You tamed the lion in my cage
But it just wasn’t enough to change my heart

Va de la altanería a la autocompasión y viceversa. Del orgullo a la súplica.

Mi parte favorita es cuando más adelante dice, todo trabado del coraje:

I noticed at the ceremonyYour corrupt ways had finally made you blind!I can’t remember your face anymoreYour mouth has changedYour eyes don’t look into mine!

No necesita alzar la voz ni decir palabrotas. Es más bien la enjundia de su entonación, la transparencia de su inconformidad. Y aún en medio de la cólera, se las arregla para recetarnos una poesía que se va al extremo opuesto, a la devoción. Se asoma al recuerdo de la persona que alguna vez tuvo en un pedestal.

Down the highway, down the tracks
Down the road to ecstasy
I followed you beneath the stars
Hounded by your memory
And all your ragin’ glory

Y vuelve a la carga con el veneno:

I been double-crossed nowFor the very last time and now I’m finally freeI kissed goodbye the howling beastOn the borderline which separated you from me

En más de una ocasión su voz se torna frágil, al borde del quiebre. La separación no le basta. Necesita exorcizar todo aquello que se guardó por años. Si él se derrumba, todo el imperio que construyeron debe caer también.

Was it sincere enough?

En el libro Never Say No to a Rock Star, el ingeniero de sonido Glenn Berger relata sus experiencias en el estudio de grabación con gente como Frank Sinatra, Mick Jagger, James Brown y Bob Dylan.

Cuenta que al terminar de grabar la versión de “Idiot Wind” que figura en The Bootleg Series Volumes 1-3 —ya convertida en lamento a modo de balada— Dylan preguntó si había sido lo suficientemente sincera, como buscando asilo en el refugio más confiable: el humor.

Y es que cerca del final, tras la catarsis, ese you’re an idiot, babe se convierte en we’re idiots, babe. Detalle sutil pero significativo.

Bob termina por asumir la corresponsabilidad del fracaso: los dos la cagamos. Los dos destruimos lo que tuvimos. Los dos fuimos idiotas.

 

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