Ziggy Stardust: falsos profetas, hedonismo y rocanrol extraterrestre

Reseña | Ziggy Stardust and the Spiders From Mars – David Bowie (1972) | Discos

Estamos ávidos de creer en algo, ya sea en superhéroes, deidades o músicos. Nos da cierta tranquilidad pensar que hay algo más grande que nosotros. Tratamos de darle sentido a la vida a través de cosas que van más allá de lo mundano.

Somos criaturas de símbolos y arquetipos, y nos causa fascinación la simple existencia de alguna entidad que sale de lo ordinario.

Pero de igual forma somos adictos al espectáculo grotesco. Nos encanta atestiguar la caída de ídolos alguna vez amados por las masas. Nos revolcamos en el morbo que de ello deriva. Es un impulso enfermizo que pareciera estar arraigado en nosotros como especie, a nivel individual y colectivo.

De esto trata, en parte, la historia de The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders From Mars. La humanidad como una plaga incapaz de salvarse a sí misma o de ser salvada por alguien más. La autodestrucción pareciera ser el destino al que estamos condenados. ¿Somos dignos de cualquier tipo de mesías? ¿O merecemos justo lo contrario?

Sí, la premisa suena de lo más fatídica. Pero Bowie encontró la forma de presentarla con rocanrol y pop de primer orden. Contundentes resultan las 11 canciones y los 38 minutos de música que confirman este quinto larga duración suyo. ¿El mejor en su catálogo? A menudo así se afirma. Y aunque no es el más vanguardista ni tampoco el más elaborado de sus trabajos, sí es el más redondo, el más fácil de reverenciar.

¿Qué es lo que pone a este disco por encima de casi cualquier otra obra de David Bowie? La respuesta corta es que no tiene un sólo minuto de relleno. La respuesta más elaborada demanda un análisis más detallado de sus canciones. Y lo cierto es que resulta complicado elegir una por encima de las otras.

El ascenso y caída de Ziggy Stardust y las arañas de marte

La historia de Ziggy Stardust es en gran medida responsable de la bien ganada reputación de este elepé. Desde el primer momento en “Five Years” queda claro que no es una grabación ordinaria. El marciano llega a nuestro mundo y pronto queda abrumado por el caos y la superficialidad terrícola. Poco después conoce también las cualidades humanas que radican en las diferentes formas de amor (“Soul Love”). Su grado de perplejidad es tal que llega a admirar y hasta a envidiar a aquellos que pueden amar incondicionalmente.

Pronto el invasor descubre que en la Tierra las cosas no andan bien. Las interacciones terrestres se le revelan de formas verdaderamente bizarras. El sexo, los artilugios tecnológicos, la religión y la espiritualidad —o la falta de la misma— convergen en un mismo y extraño flujo. O así lo sugiere, al menos, la genial y orwellesca “Moonage Daydream”.

A estas alturas, es evidente que su banda de acompañamiento es un conjunto de músicos más que solventes. En el solo de guitarra de esta última canción, Mick Ronson se manifiesta con líneas que se debaten entre el punk y el heavy metal. Alcanza momentos verdaderamente sublimes en los minutos finales y hasta el fade out: pareciera que la canción se prolonga en la eternidad y en las negruras insondables del espacio exterior.

La versatilidad de Ronson y sus compañeros, Trevor Bolder (bajo) y Mick Woodmansey (batería), queda demostrada según lo demanda la canción en turno. Alternan entre el desenfreno de temas netamente rocanroleros como “Star”, “Hang On To Yourself” o “Suffragette City”, y la solemnidad y belleza de “Lady Stardust” y “Rock ‘n’ Roll Suicide”.

Están también las que quedan justo entre ambos extremos: “Starman” y “Ziggy Stardust” que terminan por afianzar un balance casi quirúrgico.

Ziggy Stardust, malogrado redentor

En una entrevista para la radio en 1972, previa al lanzamiento del álbum, Bowie explicó un poco acerca de su alter ego alienígena.

Según sus palabras, los Spiders from Mars eran algo a así como la última banda de rock sobre la Tierra, a la que le restan sólo cinco años de vida. Se infiere, pues, que la historia toma lugar en una realidad distópica. Nosotros, la especie humana, somos el rebaño sin remedio, incorregible, insalvable.

Incontables historias abordan el lugar común de una raza humana que requiere ser salvada ante alguna amenaza. Mas pocas veces se plantea si de verdad lo merecemos, si es necesario o si somos dignos de ello. El trágico final del visitante de Marte, en “Rock N’ Roll Suicide”, pareciera insinuar que no es así.

El hombre de las estrellas termina por convertirse en lo opuesto de lo que estaba destinado a ser: una guía, una figura mesiánica que debía corregir el curso del planeta Tierra. En lugar de eso, sus últimos alientos transcurren en un torbellino de drogas y excesos, luego de haberlo dado todo al rock and roll. Ziggy Stardust da su vida por la música, por la causa. ¿Fue suficiente para salvar a los terrícolas? He ahí el encanto de los finales de interpretación abierta.

Rockstar alienígena en la ficción y en la realidad

Bowie invirtió demasiado tiempo y esfuerzos creativos en la concepción, desarrollo y ejecución de esta obra. No sólo la había planeado cuidadosamente en su cabeza mucho antes de su grabación, sino que al momento de presentarlo al mundo, llevó el papel de Ziggy Stardust tan lejos como pudo. Puso su cordura en juego, y quienes le rodeaban en aquella época apenas podían diferenciar si trataban con David o con el extraterrestre.

Sin embargo, la relevancia de Ziggy Stardust no se limita a su narrativa o su concepto. En lo más importante, lo musical, resulta una obra excelsa por sintetizar de forma magistral todo lo que Bowie había grabado hasta entonces.

Está presente la sensibilidad de Space Oddity y Hunky Dory. Esto, a su vez, se complementa con la contundencia del hard rock primigenio de The Man Who Sold the World y sus incansables afanes por experimentar con música y literatura.

Su mayor mérito, quizá, fue consolidar la identidad musical y estética de su autor: como compositor, como cantante, como showman, como actor, como artista. Representa el tipo de trabajos que, por su impacto y singularidad, aparecen una sola vez de mano de genios locos como Bowie. Es una mezcla de espontaneidad y genialidad, de arte cerebral y visceral, de narrativa fantástica con agudos comentarios sociales.

Pocos lograron articular algo así, y muchos fueron los que intentaron lo propio en años y décadas posteriores. Incalculables son las semillas de inspiración que esparció y en igual proporción se estima la curiosidad musical que despertó: de Joy Division y U2 hasta Bauhaus y Suede, pasando por una infinidad más. Al final la muerte de Ziggy Stardust no fue en vano.

 

The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars | David Bowie | 1972

“Five Years”
“Soul Love”
“Moonage Daydream”
“Starman”
“It Ain’t Easy”
“Lady Stardust”
“Star”
“Hang On To Yourself”
“Ziggy Stardust”
“Suffragette City”
“Rock ‘N’ Roll Suicide”

 

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